Por Cristian Balmaceda

Hoy en día es muy común escuchar, dentro del vocabulario de empresarios, de sus escritos y de las piezas comunicacionales de su identidad corporativa, que la innovación forma parte de su ADN y se considera un valor más.  

Ahora bien, ¿de qué manera hacen real ese valor? ¿Cómo saben cuándo sus acciones empresariales son así? ¿Qué variables entran en juego a la hora de valorar una acción innovadora?  

Lo primero que debemos decir, es que la innovación es la capacidad de implementar ideas que aporten valor y generen novedad para la persona, empresa o sector para el que se creó. Para lograr tal fin, la persona y equipo deben detonar su creatividad para generar diversas ideas, priorizarlas de acuerdo con el criterio que persigan y, con posterioridad, ejecutarla en la realidad evaluando su impacto positivo. Esto último es lo que realmente permite decir que algo es “innovación”. 

Las nuevas configuraciones sociales y del mercado, como el desarrollo tecnológico, las nuevas demandas de los consumidores, las necesidades por ampliar el nicho de mercado o diferenciarse del resto de competidores, el objetivo de ganar mayor rentabilidad del negocio, la intención de mejorar la capacidad interna de la organización obligan a los dueños de empresas, gerentes y líderes de proyecto a pensar la forma en que llevarán adelante acciones innovadoras que respondan al nuevo escenario social y comercial. 

Empieza aquí la importancia de comprender y valorar que la creatividad e innovación (la primera condición necesaria para la otra) como estrategias claves para el desarrollo de nuevos proyectos, requieren skills personales y herramientas de management para empezar a producir estrategias de innovación situadas y específicas que nos lleven a un desempeño superior.  

Ahora bien, ¿de qué manera nos damos cuenta de que una acción emprendida es innovación? ¿Qué atributos distinguen a la innovación? ¿Cómo puedo rápidamente dignosticar que un resultado fue innovador? 

Te propongo a continuación un pequeño instrumento de fácil lectura y aplicación que nos permitirá comprender los atributos de la innovación, se denomina el “diamante de la innovación”. Esta figura, sencilla pero valiosa, nos permitirá determinar en qué medida lo que decimos y hacemos se corresponde con innovación; y de esta forma, también habilitará la posibilidad ganar en fundamento y perspectiva, para valorar este concepto dentro de nuestro quehacer diario. 

La innovación persigue atributos que la determinan, y nosotros utilizaremos como instrumento de validación “El diamante de la innovación”. Ese “diamante” tiene en sus caras, cuatros atributos que lo dotan de sustento y real eficiencia acerca de lo que es la innovación. Si por alguna situación o circunstancia no aparece al menos una de esas variables, evidentemente, no estamos hablando ni haciendo gestiones innovadoras. 

Aquí vamos a ponderar, no la intensidad y magnitud de la acción proyectada, sino el grado en que esa acción respeta los atributos de una innovación. Para eso, es importante conocer primero los atributos centrales que componen al diamante de la innovación, y por el cual se evalúan todos los procesos, proyectos, emprendimientos y acciones: 

  • Novedad 
  • Valor 
  • Impacto  
  • Velocidad 

Uno de los primeros atributos que debemos incorporar a nuestro repertorio, es el que se denomina, novedad. Este input o atributo que genera indudablemente una innovación, hace alusión a que las acciones de innovación deben, en su primer momento, despertar y captar la atención y curiosidad del grupo objetivo, organización o mercado al que se le presentó. Es una condición indispensable que la innovación presentada, despierte la atención por conocer, manipular e implementar tal fenómeno.  

Cuando hablamos de novedad, ponemos énfasis en que la acción presentada debe de tener algo nuevo, en cualquier dosis y forma. La novedad se plantea desde algo que no existía hasta el momento, y que la innovación lo provocó. Algo novedoso es algo que se rodea de originalidad, que inició en la imaginación de la persona o equipo tratante y que se creó bajo el fundamento de que debe cautivar por un periodo al grupo objetivo, organización o mercado.  Con el pasar del tiempo y su usabilidad, el atributo de novedoso dejará de ser expuesto, pero quedará el recuerdo que, en su primer momento, la novedad y originalidad sorprendió a todos.  

Cuando tienes que tomar decisiones en tu plano personal, ¿cuánta novedad aparece en esas ideas o acciones? ¿en qué medida los cambios que buscas en tu vida se rodean de originalidad?  

El segundo input o a atributo a tener en cuenta, es el que se denomina valor. Esto implica que las innovaciones deben obligadamente entregar una cuota de valor, modificando una estructura, proceso, actitud o decisión para bien; si o si, la idea imaginada y creada debe pasar al plano de la realidad, aportando valor y generando una mejor situación y versión organizacional y personal.  

Las innovaciones y su aporte de valor van de la mano, sobre todo en un contexto empresarial competitivo, donde se necesita cambiar y actualizar, brindando nuevas ventajas competitivas y generando bienestar, satisfacción y plenitud, mediante innovaciones de todo tipo, implementadas dentro de la organización, mercado o grupo social.  

En los casos donde una innovación no aporte valor ni modifique la estructura para bien, estaremos hablando de una intervención comercial o personal poco exitosa, que tiene como fin su levantamiento dentro de la organización o mercado, y empezar a pensar cúal fue el aprendizaje de todo esto, y por qué lo que sucedió no generó el valor que se esperaba. Sólo así, mediante este aprendizaje estratégico, es que podemos intentar salvar la situación y mejorar en la próxima entrega.  

Otro de las input o atributos a considerar para poder hablar de innovación, es el impacto o “lugar” que receptará nuestra estrategia y acción innovadora. La idea que presentemos y materialicemos, deberá generar novedad y aportar valor para un grupo social determinado, bajo el estudio de las coordenadas de tiempo y espacio específicas para ese grupo. El impacto de la innovación nos lleva a pensar y diagramar quiénes serán lo que incorporen y reciban la innovación, siendo clave empatizar profundamente con el grupo, organización, mercado, o persona para la cual se diseña la propuesta. Es de carácter urgente recolectar los datos básicos acerca del estilo del grupo objetivo, verificando si la innovación que se presenta tiene un destinatario abierto y receptivo, que aceptará lo que se presente. Así como uno planifica la compra de un regalo de cumpleaños, y piensa sobre las preferencias y gustos de esa persona a la que se lo entregaremos, de la misma manera, se deberá hacer con una acción innovadora. Si por el contrario, indagamos muy poco sobre sus intereses y le compramos algo al azar y poco asertivo, significa entonces que el asombro negativo y poca usabilidad que le dará esa persona al regalo, será alto, generando un recuerdo poco feliz de nosotros. Esto es igual para el diseño de estrategias y acciones de innovación, sino se piensa en el destinatario y dónde tendrá lugar el impacto, la innovación será poco eficaz.  

A modo complementario, debemos asociar que el impacto de la innovación va de la mano con la dirección, es decir, a dónde apunto con mi acción de innovación. De esta manera, agregamos la variable de lugar y espacio, al momento de pensar en equipo lo que vamos a diagramar.  

El último atributo que completa el diamante de la innovación, es el que se conoce como velocidad. Característica propia de los momentos culmines y necesarios para evaluar la implementación de una innovación. En lo que se refiere a velocidad de la innovación, debemos concebir que el concepto alude a cuán rápido o lento se lanzá, trasciende, instala o decae una innovación, dentro del grupo objetivo, organización o mercado.  

Los micro y macro cambios que aparecen en los equipos, organizaciones, empresas y mercados, se dan de manera variada en el tiempo; casi nunca se producen de un día para el otro, sino más bien, a través de primarios estímulos que informan que algo necesita ser cambiado o mejorado para bien (en su deseo inicial), y que dependerá de las personas asumir esa comunicación. Por tal motivo, la rapidez o lentitud con que las cosas cambian, dependerá más del entorno que de la innovación en sí.  

La velocidad de la innovación puede verse afectada de manera natural, a veces, por la resistencia al cambio y pérdida de poder que percibe la organización y la persona, al aceptar la innovación como algo ajeno y externo a ellos; lo contrario a esto, sería que la velocidad de aceptación sea mayor, al entender la innovación como una oportunidad para mejorar lo que están haciendo, arribando a mejores resultados. Es importante validar cuál es la apertura, motivos y disposición que tienen los recursos humanos y capacidades organizacionales, para receptar la nueva propuesta. El grupo o persona que se resista a estos indicadores de cambio, enlentece su crecimiento y desempeño superior, obstaculizando nuevas y mejores condiciones para las personas y el sistema empresarial genera,  que se esté utilizando.  

Esta velocidad de la innovación, entendida como el atributo relacionado con la rapidez o lentitud con la que se mueve y asientan las innovaciones, está íntimamente relacionada con el concepto de valor, dirección e impacto de la innovación. Por tal motivo, el estudio del estilo y necesidades del grupo objetivo, al igual que los satisfactores que aporta la innovación, permitirán una mejor velocidad de propagación de esa innovación.  

En la variable de velocidad de la innovación, se tiene en cuenta también el tiempo, no solamente en lo que refiere a la rapidez de su posible aceptación, sino desde el lado de las coordenadas y año en el que se vive. Esto es, saber valorar desde lo temporal, cuán innovador es algo. Por ejemplo, si pensamos en la rueda de piedra, que apareció en su momento para facilitar la movilidad y transporte de los primates, hoy es inadmisible decir que es innovación, pero sí lo fue en ese año. Cuando hablamos de velocidad de innovación, vamos a considerar la rapidez o enlentecimiento de su aceptación, y además, el momento socio-histórico en el que se presenta esa innovación.  

Dicho todo esto, te invitó a que de aquí en adelante puedas considerar si lo que estás haciendo bajo el título de “Innovación” responde a los atributos mencionados.  

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