Por JUAN PABLO LÓPEZ FAOURPeople and Culture Regional Manager 

Comenzar el día con situaciones que merecen nuestra atención y resolución. ¿Rápida?seguramente. Casi como una misión diaria, nos encontramos haciendo frente a todo tipo de problemas que aparecen en el seno de nuestro trabajo. Problemas que necesitan de una solución.  

Y en eso nos hemos transformado: en profesionales que solucionan todo tipo de problemas. ¿Será que ese llega a ser el propósito de nuestro puesto? Quisiera no creerlo pero que levante la mano quien no se sintió alguna vez como MacGyver, un entrañable personaje de una serie de los años 80. 

Para los que no lo conocen, Mac era una especie de héroe que conocía a la perfección temas relacionados a química, física y demás ciencias. Siempre buscaba resolver los conflictos sin usar la violencia y con su ingenio usaba todo recurso que tenía a su alrededor. Y siempre se las arreglaba para construir todo tipo de aparatos que lo ayudaban a sortear el obstáculo/problema de la trama. 

¿Entonces, será que para resolver problemas necesitamos incrementar nuestra base de recursos? ¿Algo así como incorporar más y nuevas herramientas a nuestra mochila? Yo no lo creería. Mac tampoco, pues siempre apelaba a su misma amiga inseparable: la navaja suiza. Quiero decir: no se trata de agregar y agregar más bulto a la mochila, sino de conocer la herramienta justa que nos permita realizar el arreglo que estamos pensando.  

En mi caso, y eso es lo que quiero compartir con ustedes, no es la victorinox el solucionador de conflictos que vengo usando en los últimos 10 años, sino la apreciatividad. En breve vuelvo sobre este concepto, que tanta luz arroja la psicología positiva y tan útil me resulta para enfocar en lo que viene. 

Nos preguntábamos si hemos sido contratados para resolver, resolver y resolver. Algunos le dicen arreglar lo que no funciona. Parecemos destinados a dedicar nuestro tiempo a escuchar miradas y opiniones sobre el problema. En el área de gestión de personas nos piden que identifiquemos y analicemos las causas de la alta rotación, pobre performance, baja motivación, engagement, etc. También nos encontramos con los clásicos: necesitamos mejorar las ventas, no logramos que nuestro negocio escale, tenemos fallas en la calidad del producto, etc.  

¿Será que muchas veces nuestro cliente interno espera una propuesta o el lanzamiento de un programa que “repare” lo que no funciona? ¿Cuántas veces nos lanzamos sin más a esta solución? Esto suele generarme la sensación de que estamos haciendo demasiado foco en eliminar lo que no se quiere ver mas: haciendo zoom en el déficit

¿Y si probamos un enfoque distinto? En mi estilo indagador, cuando no me siento del todo cómodo con algo, prefiero molestar y preguntar: ¿qué es lo que verdaderamente te gustaría ver más dentro de la compañía? ¿qué te gustaría que florezca todos los días en la organización? ¿cuáles son las cosas que valoras de lo que sucede en el día a día? 

Nunca dejo de sorprenderme con las respuestas que estas ¿simples? preguntas traen. Por ejemplo: “mmm…nunca me lo pregunté”. Efectivamente, muchos equipos de liderazgo no suelen hacerse estas preguntas. Pero si uno los guía para que atraviesen la primera perplejidad, las personas suelen aportar una riqueza de respuestas diversas. Y cuando lo hacen, en general descubren que sus deseos son mayores que sus inconvenientes y, que la solución a tal o cual problema, suele tratarse solo de su necesidad inmediata. Llevar a las personas a que hagan zoom en lo que desean es mucho más poderoso que solo llegar a las organizaciones como “solucionólogos” para resolver aquello que los incomoda.  

Parece razonable que para mejorar una situación sea necesario arreglar primero lo que está mal y esto puede ser cierto en algunos casos, pero no siempre es la única opción. 

Desde nuestro rol es importante que podamos acompañar a las organizaciones a subir hasta un escalón mas alto, generando experiencias que les permitan ser la mejor versión de sí mismas. Que puedan caminar desde el paradigma de la resolución de problemas, que es inherentemente conservador, hacia el mundo de la apreciatividad, la creatividad y la innovación, impulsando así las transformación organizacional. Sin negar aquello que no funciona, no es esto lo que plantea la apreciatividad, sino conectando y floreciendo junto a lo que ya viene funcionando, potenciándolo.   

En resumidas cuentas, cuando he transitado de una organización a otra, de un equipo a otro, de un cliente interno a otro, lo que elijo llevar en mi mochila no es la victorinox (no niego que me ha servido para arreglar alguna que otra lamparita, manija rota o tornillo suelto) sino la indagación apreciativa, buscando que las personas se conecten con la mirada positiva necesaria para caminar hacia la alta performance y compromiso con el próposito de la organización. 


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