Manes se describe como un fanático del fútbol y está convencido de que la riqueza de un país se mide por el capital humano, la educación, la ciencia, la tecnología, y que allí está la base del desarrollo social. En una entrevista para Rocking Talent hablamos de su trayectoria, visiones y consejos para trabajar por una mejor sociedad. 

Por PAOLA ALBORNOZ 

Conocemos sobre ti por tu trayectoria y lo que sale en medios, entrevistas, redes sociales, tus libros, etc.  ¿Qué nos contarías de ti que no esté publicado?   

Podría contar que, como muchos argentinos y argentinas, soy fanático del fútbol. De chico, tuve la suerte de jugar en el equipo de mi pueblo, Compañía General de Salto. ¡Era un 9 de área! Quería dedicarme al fútbol, quería ser jugador profesional de grande. Pero en ese momento tenía un problema que me limitó para este sueño: era asmático. De todos modos, el fútbol siempre me acompañó y me ayudó a hacer amigos, sobre todo cuando viví en otros países. Y ahora tengo la suerte de compartir esa pasión con mi hijo, Pedro. 

¿Cuál crees que va a ser el mayor desafío que las personas tendremos que enfrentar este año? 

Los desafíos que vamos a tener que enfrentar son varios. Es como si estuviéramos corriendo una maratón y no sabemos por cuál kilómetro vamos. Lo que es seguro es que todavía no corrimos gran parte de la carrera. 

Uno de los principales desafíos que nos queda es sobreponernos al agotamiento que vivimos. De un día para otro, nuestras vidas se trastocaron por completo: tuvimos que comenzar a hacer cosas a las que no estábamos acostumbrados y dejar de hacer aquellas a las que sí lo estábamos. Todo esto generó una gran fatiga cognitiva. Además, no solo vivimos una crisis en el plano de la salud, también es económica, social. ¡El mundo entero está en crisis! Experimentamos momentos de incertidumbre, como decía, no sabemos en qué momento de la carrera contra el COVID-19 estamos. Esto nos angustia y nos genera estrés. Lo que tenemos que hacer es tratar de que este estrés y esta angustia no se vuelvan crónicas. Para eso necesitamos que se considere la salud mental como parte fundamental de la respuesta a la pandemia y no como algo periférico, secundario. No hay una salud física y otra mental. La salud debe entenderse de manera integral.  

Y, como sociedad, tenemos otro desafío fundamental: unirnos de una vez por todas. Debemos generar acuerdos para sacar el país adelante y resolver los problemas que hace años nos aquejan. Hoy, todos los temas caen en la grieta, como si se tratara de una lucha de facciones. Y, no me canso de repetirlo, la grieta es una tragedia. En un país con las necesidades que tiene el nuestro, la grieta nos hace más brutos y nos daña, nos mata. Pareciera ser que los argentinos hemos perdido el pensamiento crítico. Debemos dejar de lado las mezquindades y los egoísmos. Necesitamos hacer un gran acuerdo nacional, como si fuera el Pacto de la Moncloa. En un país que produce alimentos para diez veces su consumo que el 64% de nuestros niños y niñas pasen hambre y se encuentren en la pobreza es una vergüenza y una inmoralidad. Yo me pregunto, ¿cómo es posible que no podamos acordar un plan estratégico para solucionar esta tragedia? La pandemia ha venido a profundizar y agravar los problemas estructurales que ya teníamos. Por eso, es urgente unirse en pos de un plan que busque el bienestar de toda la población, de todos y cada uno de nosotros.  

¿Cuáles crees que serán los impactos fundamentales de la pandemia desde lo científico y lo humanitario? 

Desde lo científico, hemos visto cómo desde que el virus comenzó a ser estudiado, en tan solo dos semanas los científicos lo identificaron, descifraron su mapa genético y desarrollaron un test para detectarlo en el cuerpo de las personas. Ahora también vemos el desarrollo de vacunas en tiempo récord y muchas con nueva tecnología. Esto es inédito en la historia y es un gran logro. Va a tener un gran impacto en la ciencia y la medicina.  

En cuanto a lo humanitario, espero que se comprenda que la solidaridad y la cooperación son fundamentales para solucionar los problemas que vivimos. Sabemos que la resiliencia es una capacidad que puede desarrollarse también a nivel comunitario. Y, cuando esto se produce, surge un sentido común de propósito y un espíritu de cooperación que conduce a un nivel más alto de integración. Así, todos comprendemos que la supervivencia de cada uno de nosotros está indefectiblemente ligada a la de los demás. Pero es necesario advertir que, para que esto suceda, es necesario reforzar los lazos colectivos, porque las crisis a lo largo de la historia también han llevado a que las personas se vuelvan más egoístas e individualistas. Por eso, es importante que seamos conscientes de que debemos esforzarnos para desarrollar un espíritu colectivo fuerte para poder hacer frente a la pandemia y sus consecuencias. Desde el comienzo de este proceso vengo diciendo lo mismo: esta crisis puede sacar lo mejor o lo peor del ser humano y eso dependerá de nosotros. 

En una entrevista que te hicieron afirmas: “si no abordamos el bienestar emocional de nuestra comunidad, promoviendo el cuidado y no el miedo se van a generar costos humanos sociales y económicos de enormes consecuencias”. ¿Cómo deben ser las medidas de autocuidado para incentivar el bienestar colectivo? 

Necesitamos tener información clara y precisa. Si las campañas de comunicación quieren ser efectivas tienen que estar enfocadas en promover el cuidado y no en la generación de miedo. Eso no sirve de nada e incluso es contraproducente. El miedo es una respuesta adaptativa que puede ser muy útil frente a situaciones de peligro porque nos ayuda a sobrevivir. El problema es que el miedo excesivo nos puede paralizar, haciéndonos menos efectivos en la resolución de problemas concretos. Por esto mismo es importante que toda la población esté informada, sepa los planes de acción a futuro para poder evaluar la situación de manera ajustada a la realidad y seguir las recomendaciones dadas por los organismos públicos, sin caer en el temor que nos impida accionar. Lo mejor es comunicar las amenazas reales y las herramientas probadamente eficaces para hacerles frente. Es entendible y hasta esperable que sintamos miedo frente a la incertidumbre que vivimos, pero por eso, justamente, no se debe profundizar este miedo desde la comunicación en todos sus niveles. Como decía, para mitigar el miedo tenemos que contar con información clara y transparente. El conocimiento es el mejor antídoto contra el miedo. Además, tenemos que evitar que todas las medidas sean evaluadas a partir de la grieta. Porque cuando todo se ve desde la grieta, según qué grupo sostiene una postura, algunas personas van a apoyar esa idea o no y van a desestimar la evidencia a favor. Esto se debe a que nuestras creencias y opiniones, muchas veces, están mediadas por sesgos o esquemas mentales. Tenemos que evitar esto cuando se trata de una situación tan dramática, apelando al pensamiento crítico. La pandemia no puede ser otro motivo de disputa entre facciones. ¡Estamos hablando de la salud de todos! 

Y en cuanto a lo que cada uno puede hacer a nivel individual para proteger su salud mental y minimizar el estrés, es importante mantener hábitos saludables. Dormir bien, procurando que nuestro descanso sea reparador. Mantener una alimentación saludable y evitar el tabaco, el alcohol y las drogas. Reforzar nuestros lazos sociales, manteniendo todos los protocolos y las recomendaciones. Compartir con los demás lo que sentimos nos da apoyo y contención. Además, tenemos que ser comprensivos con nosotros mismos. No podemos esperar tener el nivel de rendimiento habitual ni la concentración y energía de siempre después de tantos meses de estar enfrentando la pandemia. Ser compasivos con nosotros mismos puede ayudarnos a llevar este proceso de una mejor manera. 

¿Cuál es el secreto para mantener sano el cerebro? 

Todo lo que acabo de comentar nos hace bien para mantener un cerebro saludable. Además, tenemos que saber que todo lo que le hace bien al corazón, le hace bien al cerebro. Debemos controlar los niveles de azúcar en sangre, el colesterol, la presión arterial y nuestro peso. Mantener nuestra mente activa es esencial. Para ello tenemos que plantearnos desafíos, por ejemplo, aprender nuevas disciplinas, un instrumento musical o estudiar un idioma. Es decir, tenemos que salir de nuestra zona de confort desarrollando nuevos pasatiempos e intereses. Como dije recién, hay llevar una alimentación rica en legumbres, cereales, verduras, frutas y baja en grasas saturadas. El ejercicio físico nos hace bien porque nuestro cuerpo produce endorfinas, que tienen un importante efecto para calmar los dolores y reducir los niveles de estrés.  

Por su parte, la ciencia ha estudiado el efecto de la meditación como el mindfulness. Ciertos estudios reconocen que las áreas de la corteza prefrontal, asociadas con emociones y funciones sociales, son intensamente estimuladas con la meditación, mientras que las áreas del cerebro típicamente asociadas con el procesamiento de las emociones negativas, tales como la amígdala, disminuyen su actividad. Se trata de desarrollar la capacidad de estar totalmente atento a todos los momentos de la vida, reduciendo la cantidad de tiempo que pasamos preocupándonos por el futuro o por el pasado. El sueño, como dije recién, también es fundamental. Y los lazos sociales, como también mencioné, son esenciales porque los seres humanos somos básicamente seres sociales y necesitamos de los demás para nuestra supervivencia. Hoy sabemos que la gente que se siente sola se enferma más. La soledad produce un impacto similar, o incluso mayor, a la obesidad, la polución ambiental y el tabaquismo.  

Estamos en constante contacto con información y en nuestro cerebro se despierta la necesidad de compartirla, ¿cómo logras vencer la desinformación? ¿tienes alguna práctica para evitar la evitar la infoxicación? 

Con relación a la información se dan dos cuestiones: por un lado, estamos expuestos a información incorrecta; pero, por otro, también estamos sobreinformados. La difusión de noticias falsas o maliciosas sobre la pandemia aumenta el pánico o la angustia en las personas. A su vez, estar todo el tiempo expuesto a noticias sobre la pandemia, la cantidad de muertos y de enfermos en el mundo puede aumentar la sensación de riesgo y, por ende, de miedo y de ansiedad. Incluso, puede llevarnos a caer en lo que se denomina “negligencia de la probabilidad”. Es decir, la sumatoria de todos estos estímulos aumenta nuestra sensación de amenaza y así juzgamos más probable que algo nos ocurra. Por supuesto, todo esto impacta en la sensación de miedo que antes mencionábamos. La ansiedad que se genera nos lleva a tomar medidas de seguridad que nos alivian transitoriamente, pero que en realidad hacen que la ansiedad reaparezca, hasta con mayor intensidad. Además, el exceso de información agota nuestros recursos cognitivos y como resultado podemos sentirnos cansados, todavía más ansiosos y angustiados. 

Entonces, para evitar la infoxicación, tenemos que consumir la información justa y siempre proveniente de fuentes confiables. Si la información, los audios, los videos no están debidamente chequeados, podemos ayudar a que consejos equivocados se propaguen y hasta nos pongan en peligro. Elegir responsablemente la información que consumimos y compartimos es parte de cuidarnos en esta pandemia. Podemos decir que el virus se potencia con la desinformación; por eso hoy es más importante que nunca enfocar nuestra atención en la información oficial, precisa y experta que pueda ayudarnos a reducir los riesgos reales.  

¿Cuál es tu recomendación a los jóvenes que se incorporan a un mercado laboral tan cambiante? 

Mi recomendación para los jóvenes es que hay que estudiar, que tienen que formarse y desarrollar la creatividad para poder formular respuestas novedosas a problemas o situaciones difíciles en un mundo altamente cambiante. Prepararse para pensar críticamente y, además, tener flexibilidad cognitiva, es decir, la capacidad de adaptar nuestra conducta a escenarios cambiantes. Algunas de las características que serán fundamentales en los trabajos del futuro son la inteligencia colectiva, la capacidad de trabajar en equipo, de interactuar con otras personas, de comprender cómo se sienten y qué es lo que saben los demás. Nosotros tenemos la obligación de acompañar y preparar a los jóvenes en estas habilidades cognitivas necesarias para un mundo basado en el conocimiento. Tenemos una gran deuda de inspiración con las nuevas generaciones y debemos hacernos cargo. 

¿Qué le dirías al Facundo Manes de 18 años? 

¡Qué pregunta difícil! Me diría que me quede tranquilo porque voy a encontrar en la Facultad de Medicina una pasión, esa misma pasión que mi padre, que era médico rural, supo transmitirme y me contagió. Y que voy a encontrar oportunidades para desarrollarla, que el camino no va a ser sencillo, pero que esa pasión, la dedicación, el compromiso y mis seres queridos me van a permitir superar los obstáculos.  

¿Cuál es tu visión sobre el potencial de América Latina para este año? 

En América Latina necesitamos construir sociedades basadas en el conocimiento. Para eso tenemos que generar un contexto creativo. Sabemos que el cerebro aprende fundamentalmente cuando algo nos motiva, nos inspira y nos parece un ejemplo. Entonces, tenemos que promover sociedades que valoren al conocimiento, al esfuerzo y a la perseverancia, con líderes dignos de ser ejemplos para nuestros jóvenes y saldar esa deuda de inspiración que mencionaba recién. El potencial que tenemos en América Latina es enorme. Ahora bien, para que las sociedades del conocimiento sean posibles, todas personas tienen que estar bien nutridas, crecer en ambientes saludables, con adecuados estímulos cognitivos, sociales y emocionales. Hace varios años vengo sosteniendo que los recursos cognitivos y emocionales que permiten hacer frente a nuevos y complejos desafíos y desarrollar el potencial de cada persona van a hacer la diferencia entre las naciones que prosperen y las que no. Y nosotros tenemos que elegir de qué lado queremos estar. Necesitamos construir de manera urgente sociedades más equitativas. Y la principal vía para lograrlo es a través de la educación, la inversión en ciencia, tecnología y conocimiento.  

Ping-pong 

Un mantra: la inversión en ciencia, tecnología e innovación no es un lujo de los países prósperos sino el cimiento de los que quieren desarrollarse. 

Una Película: Cinema Paradiso 

Un sueño: que los argentinos logremos unirnos detrás de un proyecto de país a largo plazo, basado en el conocimiento y en el capital humano. 

Un consejo que te dieron que no darías: no es tanto un consejo, sino algo que se suele inculcar, se trata de la idea de que está mal equivocarse. La verdad es que nadie consiguió un logro sin antes no haberse equivocado: es un paso muy importante en los aprendizajes y para la creatividad. Desde la ciencia sabemos que uno de los requisitos para promover la creatividad es perderle miedo al error.  

FACUNDO MANES | Neurológo, neurocientífico y escritor (MN: 86623) 

Facundo Manes es neurólogo, neurocientífico, docente y escritor. Se graduó en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Cambridge, Inglaterra, donde obtuvo su Doctorado en Ciencias. 

En 2001, regresó a la Argentina y creó el Instituto de Neurología Cognitiva, INECO, el Instituto de Neurociencias de la Fundación Favaloro y la Fundación INECO para la investigación en neurociencias cognitivas. 

Es investigador del CONICET y tiene más de 230 investigaciones publicadas en las revistas científicas internacionales de mayor prestigio. 

Además, es presidente honorario de Fundación INECO, presidente de la International Frontotemporal Dementia Society y consultor del Cognition and Brain Sciences Unit del Medical Research Council de la Universidad de Cambridge (Inglaterra). 

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