Cuando era chico tuve un gran anhelo: quería inventar algo similar al condensador de flujos. Nunca tuve el DeLorean, pero fantaseaba que una vez construido el condensador podría instalarlo en el auto de casa y así poder cumplir mi sueño de viajar en el tiempo. En esa época hice varios intentos con un soldador, caños y algunas placas. Hasta ahí, “la foto”.  

Al 2020, aquí estoy, sin condensador ni viaje en el tiempo, pero aún con una pasión intacta por la tecnología, por observar su evolución y entender cómo impacta en la sociedad y en el mundo del trabajo. Aquí, “mi película”, donde la trama ya no tiene que ver con la foto del condensador sino con una pasión que se va adaptando a los cambios continuos del mundo en el que vivo.  

Este constante cambio es algo que afecta a las organizaciones. Hay nuevas necesidades a las que responder, las agendas de negocio actualizan sus prioridades y esto empuja la demanda de nuevas formas de desempeño organizacional.  
No será la excepción la nueva década que comienza. El covid-19 puede mostrarnos ya algo de esto, apareciendo en escena como un catalizador de la digitalización y la transformación digital en el mundo. Una nueva foto. 

¿Y si le quitamos lo estático a esta foto? ¿qué descubrimos en la trama de esta película? Como aquel DeLorean, en su III versión, comprenderemos que nada es tan sencillo. Las líneas del tiempo se entrecruzan y, si nos encontramos distraídos con nuestro pochoclo, probablemente necesitaremos poner pausa y retroceder para entender algo de lo ocurrido. 

La complejidad se va apoderando cada vez más del mundo de los negocios. Un mundo cada vez mas interconectado y dependiente entre sí, haciendo más tenues y muchas veces invisibles las relaciones causa-efecto. Por eso, necesitamos poner atención y hacer uso de todas nuestras capacidades analíticas y emocionales para dilucidar como se comporta el entramado del conjunto organizacional: empleados, clientes, proveedores, accionistas, sociedad, competidores, mercados, herramientas, modelos y metodologías.  

Ahora bien, esta complejidad se acrecienta en un mundo donde la tecnología y la presión digital avanzan con la voracidad de Emmett Brown, poniendo incluso a algunas empresas en estado de “jaque mate”. Nadie quiere ser el ganador del Premio Blockbuster.  

Ya son varias las empresas que ven necesario realizar cambios profundos puertas adentro. Se debe responder a las demandas provenientes de múltiples direcciones: desde la propia evolución de la competencia tradicional, desde los nuevos actores que irrumpen en el sector (muchos de ellos provenientes del mundo hightech) y también desde las nuevas demandas de los stakeholders. O todo junto al mismo tiempo. 

En general, siempre se empieza de la misma forma: aparecen puntos de dolor que ponen en jaque la forma y/o el tipo de servicio/producto que se ofrece, y poco a poco estas estructuras organizativas (en ocasiones tradicionales) no van siendo capaces de dar respuesta adecuada a los retos actuales. Esta cuestión las afecta requiriéndoles un proceso de transformación que les posibilite encontrar nuevas formas de gestionar la creciente complejidad. Parafraseando al momento actual: “estamos en un mundo sin protocolos”, es decir, el desafío está en ir experimentando para descubrir qué funciona. Equivocarse rápido y barato, es clave.  

Entonces, irrumpen a escena nuevas organizaciones y con ganas de competir, incluso hasta con colosos de la industria de referencia. Estas “nuevas” empresas suelen ser más livianas y ágiles, modernas en su estructura y mindset y más enfocadas en su velocidad y generación de valor a los clientes. En muchos casos tienen posibilidad y potencial de escalar a nivel regional o incluso a otros continentes.  
No queda otra: introducir tecnología dentro de la empresa ya es de vida o muerte y no queda margen para dilatarlo en los próximos años.  

Y aquí es necesario establecer una distinción entre digitalización y transformación digital: 

  • La digitalización puede ser parte del camino pero no es suficiente para la transformación digital. La digitalización es solo una foto, o una serie de fotos. En esta línea, la digitalización tiene que ver con lo tradicional en lo digital. Necesitamos cambiar nuestro plutonio del DeLorean por una lata de cerveza y una cáscara de banana. 
  • La transformación digital tiene como objetivo adaptarse al usuario y al cliente en la era digital. Es nuestra película: puede estar compuesta por varias fotos, pero necesitamos una trama, un principio, un nudo y un desenlace. Es nuestro Emmett Brown transformado por la posibilidad y experiencia de viaje en el tiempo. 

Se ubica entonces, en el centro de la escena algo más que lo digital: La transformación. ¿la transformación de qué? Puede ser del negocio, de los procesos, o en el “modo de hacer las cosas”, en última instancia: la transformación de las personas. 

¿De qué hablamos entonces? ¿De incorporar nuevas tecnologías o de transformar nuestra cultura organizacional? ¿Será por falta de claridad en este punto que muchas iniciativas de transformación digital fallan? 
Sin intentar simplificar un mundo de alta complejidad, podemos comenzar por una sencilla pregunta: 

¿Qué problema de mi negocio espero resolver con esta tecnología? Si esta respuesta no es clara, probablemente no sea esa la foto que necesiten tomar.  
Sí la respuesta es clara y aún así fallamos: ¿nos estamos distrayendo con un sinfín de fotos con la esperanza de que las mismas generen nuestra película? La tecnología por sí sola no nos salvará

Cualquier iniciativa de transformación digital deberá asumir que el cambio es de raíz, es un cambio cultural donde todo se transforma: negocio, cultura, personas y procesos. Donde no bastará con un sinfín de tecnologías sino del compromiso férreo del equipo senior de liderazgo para trabajar en todos los niveles de la organización. 

Si queremos tener nuestra trilogía de taquilla, no solo necesitamos nuestro condensador de flujos, sino un entramado de líneas del tiempo que se entrecruzan dando vida y generando transformación en nuestros protagonistas. Y esto no solo lo comparto con ustedes, también se lo dedico a mi yo-niño y su sueño de viajar en el tiempo. 

JUAN PABLO LOPEZ FAOUR | Regional People Manager 

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