El tema del liderazgo de las mujeres me apasiona.  Y creo que este es el mejor momento para abordarlo, debatirlo, despojarse de prejuicios e ir a fondo ofreciendo una mirada más inclusiva y equitativa aún. 

Nunca me pregunté realmente de dónde surgen los modelos que tomamos como verdades absolutas, que se repiten como tradiciones o bien las paradojas que se arraigan tan fuerte en nuestra culturas y sociedades.   

A lo largo de esta pandemia me ha tocado hacer algunas presentaciones de temas diversos en los que se me planteaban títulos, temas que representaban eso mismo:  paradigmas y contradicciones. Días pasados, trabajando en una específicamente sobre liderazgo me encontré muchos ejemplos que me ayudaron a revisar algunas ideas y a convencerme aún más de otras. 

¿Será esta crisis global producto de la pandemia que nos atraviesa en todos los ámbitos de la vida personal y laboral la que ayude o sirva de disparador para replantearse muchas cosas?  

 ¿Será posible aprovechar esta crudísima y dura realidad que vive el mundo para producir los cambios necesarios tendientes a avanzar – en serio – en la diversidad y en la igualdad de oportunidades?   

Quizá podamos convenir en algo, si la horrible crisis que continúa causando muertes y estragos en todos los países del mundo debe necesariamente producir alguna reacción en nosotros, dejarnos alguna enseñanza que nos permita avanzar como sociedad, debemos necesariamente estar alertas y aprovecharla.

Considerando, obviamente, en primer lugar, el cuidado de todos los que viven algún grado de vulnerabilidad y mejorando los sistemas de salud que – increíblemente – descubrimos ineficientes y escasos aún en los países más desarrollados del mundo, también podemos hacer progresos revolucionarios. 

Con relación a algunas verdades absolutas hemos estado escuchando que los países donde las mujeres ocupan puestos de liderazgo fueron aquellos que mejor sobrellevaron los impactos de la pandemia. 

Parecería ser que sus liderazgos reunieron todas las características necesarias para analizar con empatía, resiliencia, intuición, buscar asesorarse y trabajar colaborativamente, por un lado, usar criterios propios, definir una estrategia y ejecutarla rápidamente, por el otro.   

Si hablamos de gestión fueron también las mujeres las que durante la pandemia debieron – en su mayor parte – casi como multiplicarse para desarrollar los roles que se les demandaban en el trabajo y en las casas, como madres, maestras, amas de casa, cuidadora de ancianos, esposas e hijas.  Una sobrecarga tremenda y desgastante sumada a una situación de confinamiento que la afecta tanto a ella como a su grupo familiar. 

Al tiempo que encontramos reconocimientos parece increíble saber que durante la pandemia también más mujeres padecieron acoso y violencia doméstica y quienes ya sufrían cierta vulnerabilidad a este tipo de relaciones enfermizas vieron agravarse sus situaciones. Otras que fueron las primeras en perder los trabajos, siendo una población que muchas veces trabaja en condiciones de mayor informalidad también. 

Las mujeres exitosas por un lado y extremadamente vulnerables por otro.  Es hora de hacer algo. 

Creo que estamos frente a una gran posibilidad.  Sacarnos las vendas y reconocer que, más allá de algunos casos puntuales, aún hay muchísimo por mejorar para alcanzar la igualdad de derechos.  No se trata de declamaciones, se trata de leyes que acompañen cambios profundos que permitan extirpar paradigmas, estereotipos y sesgos que nos conduzcan a sociedades más justas y equitativas para todos.   

El tema de la igualdad de género o las políticas de género no han estado en las prioridades de los países, ni de los gobiernos y en muchos casos, las organizaciones tampoco lo han contemplado. 

Las mujeres y los hombres son diferentes, no hay dudas.  Sin embargo, las diferencias no responden a determinismo biológico, se trata de principios culturales, sociedades más o menos abiertas, religiones imperantes y mandatos. Arraigadas en las sociedades se crean estereotipos de género que rigen luego el imaginario colectivo.  

Esto contribuye a que – entre otras cosas – hablando de liderazgo específicamente, se genere la idea de la existencia de un marcado liderazgo femenino y uno masculino. 

Los estereotipos anulan y frustran las reales intenciones y obligan a las personas a comportarse según lo que se espera de ellas.  Se trata diferencias no innatas, sino de conductas aprendidas y forjadas a lo largo de la vida, especialmente durante la infancia, durante el proceso de socialización (proceso mediante el cual el ser humano aprende, en el transcurso de su vida, los elementos socioculturales de su medio ambiente y los integra a la estructura de su personalidad bajo la influencia de experiencias, sucesos y de agentes sociales).   

A los niños se les enseñan y refuerzan los conceptos como coraje, fuerza, valor y la autoridad y a las niñas son guiadas con expectativas sobre comportamientos sumisos, dulces, comprensivos, delicados y pacientes, entre otros.  De ahí, que sea natural -refiriéndonos específicamente al liderazgo – que el mismo se ejerza como se espera que se haga y no permitiendo a la persona desarrollarse en su plenitud.   

No estaba bien revisarlos, cuestionarlos.  Durante años vivimos con estas verdades absolutas.  Gestiones de liderazgo interpretados de distinta manera según se trate de una mujer o de un hombre.   

Sin embargo, de un tiempo a esta parte las mujeres han interpretado que más allá de lo que se espere de ellas, tienen más para ofrecer, tienen los mismos derechos que los hombres a mostrar sus intenciones, sus reales capacidades.  Y ni hablar de las generaciones que vienen pisando fuerte en movimientos por la igualdad. 

Desde mi punto de vista y según lo comentado, en las primeras enseñanzas hay rasgos inherentes a las mujeres y rasgos más masculinos que condicionan los comportamientos posteriores.  Los femeninos están más atribuidos a las llamadas habilidades suaves y conocidas como soft skills.  Estas habilidades han devenido críticas hoy en el mundo que parece ser más deshumanizado, menos empático, resiliente y comprensivo.   

Sin embargo, el liderazgo femenino actual ha comenzado a dar muestras concluyentes de las posibilidades que tienen más allá de estas importantes habilidades blandas.  Ha desplegado una mayor autoconfianza pudiendo mostrar sus posibilidades de gerenciar y ejecutar con mayor seguridad.   

Estamos frente a modelos de liderazgo esencialmente complementarios, una conjunción de las habilidades propias de sus profesiones, posiciones o roles más aquellas asociadas al género femenino.  Este concepto de complementariedad es mucho más rico aún y supera a la dicotomía de los dos tipos de liderazgo admitiendo una perspectiva aún más inclusiva y no limitante.  Abarca, en conclusión, la certeza de que existen posibilidades de liderazgo de calidad independientemente del sexo, género, identidad u orientación sexual.  

Dicho esto, focalizando en el liderazgo femenino estoy segura de que se tiene por delante un importantísimo desafío y es lograr progreso en la búsqueda de la igualdad real.  No declamaciones ni avances lentos.   
 
Es el momento de exigir ser consideradas, de que se les permita postularse y ser seleccionadas. Sencillamente que se les dé la oportunidad.  Esto permitirá empresas y sociedades más ricas y exitosas, se tratará de empresas y sociedades más transversales, sobre todo, más justas.   

Para finalizar, quisiera resaltar que estoy convencida que cabe a las mujeres un rol importante en la búsqueda de erradicar sesgos, prejuicios y las falsas creencias con las que hemos convivido, que son consideradas certezas y de las que es difícil deshacerse.  Podemos hacerlo, hay que comprometerse, unirse, participar en foros y trabajar. 

Del compromiso a la acción

Me gustaría compartirles, a propósito de esto, una iniciativa que empezamos a gestar por el mes de julio con un grupo de mujeres de empresas bien diversas interactuando con mujeres de gobierno.   

Encontramos muchísimos puntos de contacto en esta interacción que tratamos de resumir en la #AgendaxlaIgualdad (Compromiso Público por la igualdad de género) y que fue presentada en el mes de julio por las redes. El presidente, Dr. Alberto Fernández, nos convocó para conversar y compartimos con él nuestros 12 puntos, un conjunto de iniciativas económicas para acompañar el desarrollo del país en los próximos meses.  

Quisiera invitar a que conozcan más sobre el compromiso visitando  https://www.agendaxlaigualdad.net, a adherirse firmando y a sumarse a los proyectos. 

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